martes, 7 de agosto de 2007

Del vuelo. Cómo saltar sin temer pisar de nuevo la cal.

Sólo quiero contar tres cosas que he recordado leyendo un comentario de una amiga a una de mis entradas; una anécdota, una definición y un pensamiento.

Recuerdo cuando en el colegio aprendíamos a hacer el triple salto de longitud. Estábamos todos expectantes, mirábamos a nuestro profesor de educación física con atención. Era un día especial, después de dar las tan detestadas cuatro vueltas de calentamiento en torno a la pista de atletismo, ese día nos pondríamos todos juntos -ya sudorosos- en deredor del hombre del chándal, que nos explicaría junto a la línea de meta, cómo se preparaba el salto. Algunos jugaban distraídos con la arena de playa, otros miraban el vuelo de algún ave, el resto veía ante sí cómo desde la arena debíamos andar dando grandes zancadas retrocediendo para medir las distancias. Teníamos que probar en carrera una y otra vez haciendo marca con la zapatilla en la tierra negra de la pista, hasta lograr averiguar dónde debía comenzar nuestro sprint hacia la línea que marcaba los tres últimos saltos. Primera carrera, primer salo y hemos sobrepasado por mucho la línea. Desandamos lo corrido volvemos a la marca, hacemos una nueva más cerca. Segunda carrera, segundo salto, y esta vez nos quedamos cortos. Desandamos –mirando hacia atrás-, volvemos a la marca, comparamos las dos anteriores y, recordando cuánto nos pasamos la primera vez y cuánto nos quedamos cortos la segunda, hacemos una nueva marca en el suelo. Tercer intento, cuarto, quinto, los que hagan falta. Esto me gusta, voy mejorando. Ahora que tengo la marca definitiva habrá que probar hasta lograr volar como nadie. Un salto dos saltos, tres saltos...

La definición también la aprendí en el colegio. Estudiaba octavo de EGB, era el primer día de la clase de historia. El profesor nos dictó: «Historia es el estudio del presente, a través del pasado».

Unos años más tarde me pregunto rememorando, cuántas oportunidades nos dará la vida para lograr volar como nadie. ¿Tendremos tan sólo una? Quizá sea así, de momento miro hacia atrás y cuento los pasos. Vuelvo donde empecé, hago una marca de salida nueva y vuelvo a intentarlo. Quizá cuando llegue a la arena me haya quedado corto o quizá haya pisado la línea de cal, pero en cualquier caso saltaré de nuevo, las veces que hagan falta...

...las veces que hagan falta, hasta lograr hacer historia.

5 comentarios:

Cristina Sánchez dijo...
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Cristina Sánchez dijo...

Desde luego, la medalla es para los que persisten. La vida está ahí, se queda mirando. En realidad no es ella quien nos da las oportunidades. La vida son las oportunidades, cierto, pero también es las desilusiones y los desaciertos, y los "volvamos-a-intentarlo". Por eso, es cada uno quien tiene que tomarse la medida y coger carrerilla: dar el salto dentro de uno mismo, ser consciente de dónde tengo mi listón y hasta dónde puedo saltar, y procurar ir holgado, dejando espacio para los sinsabores imprevistos que, de nuevo, están en la vida, y nos los podemos cruzar.
La incertidumbre es el motor del curioso, quiero pensar, y una curiosa como yo prefiere buscar las respuestas a las cosas ahí fuera; eso sí, sólo por un Camino... y hacia una Meta. Un abrazo

ITI dijo...

Que hacha escribiendo Manu! Esta muy bien. Y muy buenos pensamientos. La verdad, creo que la vida te permite varias oportunidades para ciertas cosas, es lo curioso de esta vida, pero hay que esforzarse siempre por conseguir lo mejor, verdad? y por hacerlo bien, y luego... mejorar, no conformarse. Un abrazo amigo!

iti

Alberto Orejana dijo...
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Anónimo dijo...

Tontis, la historia se hace cada día. Lo importante es cómo quieres que sea tu historia o mejor dicho lo bonito de la historia es hacerla una obra de arte.
Pz