domingo, 17 de febrero de 2008

Tiempos de humo.

Entre tanto estuvo observando la oscuridad que le hizo recordar aquella luz que cegaba sus ojos al despertar. El humo que pendía de sus labios, tan fino, podría hacerles pensar que aquella era la silueta esbelta que un día pudo ser. La tarde había ya acabado y no quedaba más que esperar a que aquel sueño regresara, haciéndose rogar, pero llegando. Mañana se verían y no podría contar lo que echó de menos su compañía. Sufriendo con ese olor manando de la boca, tuvo que regresar a la esperanza de quien se sabe herido. Y no tuvo más dolor que la ausencia de algún rostro. Todo eran sombras a su alrededor y no podía. Recordaba aquellos tiempos en que podía levantar hasta una viga atada. No sabía por qué le temblaban hoy las rodillas, ni por qué ayer. Sólo sabía que hubo un tiempo en que la oscuridad no estaba y la tarde no se olvidaba de recordar un humo viejo que le llegaba. No había ausencias, ni oscuras compañías que robasen toda esperanza. Todo era vida, todo esperanza, sólo sabía que antes no se conocía.


3 comentarios:

Perdida dijo...

Plas , plas, plas. Si me lo permiets la que aplaude soy yo. Precioso :)

Alberto Orejana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
María dijo...

seguro que algun dia esos buenos tiempos volverán... seguro!