lunes, 3 de diciembre de 2007

Como todas las mañanas.

Érase una vez un chico inditex que iba en el metro como sardina en lata para poder llegar a tiempo a su puesto de trabajo.

Se levantaba, desayunaba y una vez aseado, se ponía el traje y corría y corría para enlatarse de nuevo. En el metro se movía como en su salsa; vaya, que estaba como pez en el agua. Sabía escoger un lugar estratégico en el andén para después -disimuladamente-, dejarse succionar por la masa informe que se arrepentía de no haber hecho caso antes a su despertador.

Tras unos pocos suspiros, muchos apretones e incluso algún que otro empujón de gente despistada, que -por su estatura o por la de los demás-, no alcanzó a ver que era su turno de salida, nuestro amigo se dejaba de nuevo despedir, esta vez hacia las mecánicas escaleras que como un dragón hambriento se apresuraban a desplazar de abajo a arriba a diestro y siniestro transeúnte que se asomara.

Estación de Príncipe Pío, Madrid.


Cuando por fin veía la luz, buscaba con la mano en su bolsillo un cigarrillo que llevarse a la boca, de manera que al alcanzar sus pies la calle, tenía ya bien avanzado el consumo del filtro. Las últimas caladas nunca las disfrutaba. Ya estaba en la oficina y tenía que apagar.

Tras los saludos oportunos a la recepcionista y al guardia de seguridad del edificio, y ya en el ascensor que le desplazaba a la octava planta, intentaba recordar en qué quedó su última salida -todo un fin de semana antes- mientras observaba las ojeras del personal que iba quedando en las primeras siete plantas.

Después todo era sentarse ante el PC y esperar a que terminara la jornada.





6 comentarios:

Perdida dijo...

Tal vez el chico Inditex no debería esperar a que pase la jornada,despues de toodo lo que pasó para llegar a tiempo a su oficina, sino vivirla al máximo;) siempre hay pequeñas cosas por las que seguir sonriendo, siendo aplastado en el metro, enlatado en un ascensor o agobiado en un andén.

Eso es algo que alguien me enseñó hace no mucho tiempo y, aunque parezca algo irreal o fantasioso es real, te lo aseguro. El chico Inditex tiene que mirar más allá, sólo aprender a mirar...el resto, viene solo;)

besitos!

Alberto Orejana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Zerepica_n dijo...

Perdida, se que tienes razón, aunque quizá el principal problema de nuestro amigo sea que nadie le ha explicado que para ser feliz, el truco más importante es saber darse a los demás. Él intenta hacer lo que la sociedad le dicta, y esto ciertamente no es una gran ensañanza precisamente. Está en una sociedad de consumo que se ve necesitada de números, y los números nunca fueron buenos. El uno simepre va a su bola, el dos no quiere ser tres, el cuatro siempre andaenfadado porque el cinco tiene cinco letras y él tiene hasta seis, perdiendo así su valor existencial. El siete es un respingón que mira a todos por encima de su hombro y el ocho anda acomplejado por no tener la silueta de moda. El nueve...
...el nueve es un poco especial, lo sabe y eso le produce apatía.

:D

Gracias Alberto, pondré mi empeño en ello

Nodisparenalpianista dijo...

Me parece que niestro amigo rutinario tiene toda una vida oculta, secreta, imaginada que le convierte en aventura diaria esa tediosa jornada delante de su ordenador.

Beto dijo...

Brillante descripcion de los primeros minutos del dia para muchos!

Por cierto, esa teoria sobre los numeros habrian merecido una entrada de tu blog. ;)

Zerepica_n dijo...

Nodisparenalpianista, algo de razón tienes, jejeje.

Beto, cuando terminé la entrada la leí y me dije eso mismo, gracias. Ah! ya he visto que empiezas blog, soy el primero que ha entrado a ver tu perfil!! Salu2