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jueves, 16 de septiembre de 2010

Nada.


Sería un error concluir que no tiene valor que dé quien tiene, por sí tenerlo que dé quien no tiene nada. Pues tiene menos valor que quien no tiene nada, no de lo que tiene. Esto es, que por ejemplo -pudiendo-, no usara su no tener nada, como argumento para que el que tiene algo, lo dé, y menos si aún sabe que puede hacer esto.


De hecho, nadie podrá darle menos valor al que teniendo, no da, si el que no tiene nada, no le animase a que dé todo lo que tiene; ni tampoco si al que no tiene nada y no da, nadie le enseña que aún no teniendo nada, todavía podrá dar todo lo que tiene.


Porque podemos dar más tengamos o no tengamos nada; ya que al final, y con todo, siempre podremos dar hasta que nos tengamos en nada.
Foto: Cara norte del Monte Everest.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Instantes.

L´abbracio. Gustav Klimt (1862-1918).

Cotidianeidad, ese concepto estético de la esencia de lo constante, ordinario y sin valor prestado, que está ausente en nuestra mente hasta que se rompe y se echa en falta por su ausencia inesperada.
Infravalorada. Infravalorada cuando se tiene, pero también cuando se espera. Si la esperas, no la deseas y cuando la deseas es porque la añoras, al ver cómo se va o al recordarla cuando se ha ido.
Es ese ritmo. Son esos gestos, esas señales de que no ha cambiado nada, de que todo está en su sitio.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Para ti.

Andres Calamaro - Tengo Una Orquidea.

domingo, 15 de febrero de 2009

Más datos.

Francis Bacon.Óleo sobre lienzo. 35,5 x 30,5 cm. Autorretrato (1971) Centre Georges Pompidou. París

Cómo detesto la estadística simplona cuando habla de tendencias, de aficiones, de gustos, de preferencias. Cúanto detesto encontrar en el coleo esas miradas insignificantes que quedan en el olvido por no ser numerosas, por débiles, por inocentes. Todos sabemos la temporalidad de los laureles, lo imperemnes de esas hojas que marchitan con el tiempo y seguimos creyendo en esos datos estadísticos que nos muestran lo que quieren. Son como un estado de ánimo que nos inunda y nos posee, como cuando olvidamos que sólo es que cambió el tiempo y que esa mirada no va más allá de esa mirada.


Están bien cuando nos vemos ahí, en lo más alto y te sabes fuerte por estar rodeado, quizá olvidando que será marchita la gloria. Y cuanto más alto te lleva ésta, más tarde eres consciente de que son sólo números sin significado por estar corrompidos desde que son únicamente idea. Pero te miras te gustas y te enmudeces en un silencio vacío que no aporta nada. Mucho ruido, mucha suerte, mucha gente y luego todo queda hueco. Soledad que sigue a la gloria.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Me equivocaría otra vez.


Edward Hopper. Nighthawks, 1942. Oil on canvas; 33 1/8 x 60 in. (84.1 x 152.4 cm).


He pensado que la vida pudiera sólo consistir en aprender a elegir. Cada ocasión errada hace desaparecer una oportunidad. Cada ocasión nos tuerce o endereza -diría que siempre enreda un poco más- el camino, que es lo único que permanece ahí desde que nacemos hasta, posiblemente nuestros últimos segundos y que siempre -en cada segundo-, te obliga a elegir.


Una y otra vez. Y pasan, y pasan las oportunidades y cada una que ves escapar -y lo ves porque realmente es así, sino ni te enterarías de que pasaron ante ti-, cada una, la contemplas y reconoces en ella la mejor ocasión que has tenido y sabes que nunca más volverá a estar ahí porque ya se ha ido sin que tú hubieras elegido a tiempo.


Por todo ello miras el finito horizonte de tu sendero y sigues caminando despacio, a tu ritmo, en busca de una nueva excusa que te ayude a volver a equivocarte.

Ramón Casas. Madeleine, 1892. Óleo sobre lienzo. 117x90 cm

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Palabras en el olvido.


Caspar David Friedrich, Window looking over the park (1810 -1811).


A pesar de todo seguiré escribiendo a la espera. A la espera, al olvido y a la noche fría que sí espera. Y mientras sigan fluyendo palabras, sabré que aún espero. Aunque sea un último aliento, aunque sea sólo un suspiro, será que seguiré estando vivo.

Miro el papel y veo letras nuevas. Miro la tinta -aún fresca- y la arrastro con un dedo. Queda la marca violenta de una palabra llorosa y triste que balbucea. Balbucea y queda a la espera de que la leas y quieras saber por qué está triste si junto a ella hay un verbo que la da vida y un adjetivo que la presenta. Si tiene un determinante que nos explica que la acompaña y la dignifica. ¿Acaso no sabe vivir lo que tiene, disfrutar de su esencia, compartir su existencia? Quizás no sepa su significado y sólo mire su sombra, afectada. Sombra que el dedo dejó, marcándola para siempre y olvidando que fue escrita ahí para que alguien la lea y no olvide un recado o memorice una frase, quizás un poema. Olvidando que provocará alegría o angustia por culpa de un malentendido. Que será el sujeto de una frase de amor o de una carta de despedida. Que después de leerla quizás alguien suspire, otros sonrían o quizá olviden. Puede que sea cierto que está triste. Puede que sea cierto que nunca sabrá por qué fue escrita, incluso puede que nadie la lea. Pero aún será cierta su permanencia y su recado. Será reflejo de una mano, de un pensamiento.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Retomando el camino.


Mar de hielo (1823-24) de Caspar David Friedrich (1774-1840)

Entre tanto pensaba en escribir algo nuevo. Pero recordando creo que me repetiría. Así que pinchamos aquí primero, luego aquí, leemos esto de Machado y listo.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Una clara sombra.


Como cuando miras con los ojos cerrados y sólo te queda escuchar el silencio que se respira. Y entonces quisieras poder seguir el ritmo del pálpito que -lento-, se aquieta por saber que nunca podrá sentir el tacto de la nada que lo rodea; y ahora se muere. Y miras de nuevo en busca de un árbol tullido que no sepa dar sombra, para que abrazados, logréis dar refresco a la roca más dura, esa roca olvidada.

La pena se olvida al entrar en primavera, como cuando miras con los ojos cerrados y sólo te queda escuchar el silencio querido que no estuvo, al sentirte frío.

Out of the blue (Capitalismo popular).
Óleo sobre lienzo 190x120 cm, 2008
Chema Cobo.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Haría mejor en callar.

Haría mejor en callar, en no levantar la voz. Así entre silbidos, como si no lo dijese nadie. Sería una buena manera de darte cuenta. Sería un detalle que lo pensases, aunque sólo fuese una vez, un instante, a solas contigo. Cualquier día, hoy o mañana, no me importa. Sólo necesito que lo pienses una vez, que dudes y te preguntes qué quieres.



















Siempre he visto rostros desconocidos y me preguntaba dónde estarías. Si tú también buscarías, si te habrías perdido. Piénsalo, sólo un segundo, aunque ya no sigas leyendo, piénsalo una vez, al menos una.

Hasta hoy han sido muchas caras, muchas calles solitarias y vacías, repletas de multitud jadeante y ahí -hasta hoy-, he buscado. Sueños de noches, de muchas noches y muchos días; y ahora quiero saber si te he encontrado, aunque tú aún no lo sepas o quizás sí lo intuyas. Agrandarás un día un mundo y quiero que sea este. Porque lo creo, porque nunca supe cuál era y hoy sé que aun pudo ser temprana la espera.

Haría mejor en callar, en no resonar insistente. Sé que haría mejor en no decir nada y por eso sé que no lo digo, aunque tú creas que lo habré dicho y no pienses en que te estoy buscando. No sé si quisiste ser aquél acento que me dejé olvidado. Pudiste ser ese reflejo que un día conocí, pero el tiempo y tú me dijiste que no, que no lo eras, no.

Haría mejor en callar como calla quien no añade nada, pero no quiero. Las calles aparentan tener cada vez más, y están más huecas, y no pararé hasta encontrar tu eco. Sería tan fácil que tú también buscases, que mirases en silencio y no dijeras nada y lo dijeras todo, como a cámara lenta, como la manzana que estalla despacio en una milésima de segundo, pasando desapercivida.

Como mostrando tu viejo pañuelo de cachemir que me hiciste recordar en tus palabras mostrando un pasado y no callase, que no fuera un rostro desconocido en una calle vacía, aunque lo pensases en silencio sin que resonara en voz alta por culpa de unos silvidos. Así sería mejor que callásemos diciéndolo todo y pensándolo en voz alta mientras se escapa el humo de un nuevo cigarro.

Bala pasando a través de una manzana,
Harold Eugene Edgerton (Fremont, 1903- id., 1990).

domingo, 31 de agosto de 2008

Descubriendo.

Lunch on a skyscraper, 1932, Charles Ebbets.

Y se encontraba ausente por no encontrar tu mirada. Ausente por no poder escuchar tu voz, ni poder leer tus palabras.

Seguir descubriéndote, seguir caminando, a cámara lenta, como quien juega a imitar a un robot, o como el adulto que lo observa, alegre, divertido. Conociéndote y reconociéndose. Leyéndote en el periódico, agarrándote y anudándote, concatenado a la novedad -ahora ausente- de tu sonrisa.

Queriéndose mejorar, para poder estar cerca de las líneas amasadas con tus manos. Pensando cómo olvidaría si hubiese que hacerlo por encontrarse fuera del escenario. Como un mantel sin migas, durante sólo una décima de segundo, como quien no bate el récord del mundo por verse atragantado y ya no sabe contra quién lucha. Como quien a punto de coronar, sufre un ataque de vértigo. Como un soldado que no ha probado la sal de mar y descubre en la encrucijada el miedo a la victoria.

Se encontraba como ausente entre una inmensidad lograda de una semilla de recreo en una bandeja de plata, camuflada entre el silencio que recreaba, mientras hacía del mundo un sueño interrumpido por un golpe de suerte.

martes, 8 de julio de 2008

Una buena mañana.

Así, yendo despacio, como tú sabes. Lentamente, concentrado en transmitirlo todo. Sin miedo, sin pausa, con buena letra. Hay días que quieres darlo todo y no puedes. Que tienes todo y no sabes nada. Hay días que querrías hacer de todo un algo más sencillo, que no cuesta nada entender, que no tienes preguntas que responder.

Moldeado en el tiempo encuentras un nuevo espacio en blanco al que no quieres dejar de dar color. Aunque no se deje, aunque le cueste. Sabes que no tiene más sentido así, sin nada, con todo en blanco. Y no se queja.

Siempre despacio y con suave esmero, queriendo darlo todo en cada instante. Como tú sabes, como tú quieres. Triunfando con esa sonata cálida que deja a su paso. Con mucho cariño, despacio, apagando las velas antes de marchar y limpiándolo todo antes de cerrar.

No dejes de pensarlo, no dejes de extrañar, ni de soñar. A ese ritmo lo lograrás.


(M. C Escher, Litografía, 1956).

domingo, 17 de febrero de 2008

Tiempos de humo.

Entre tanto estuvo observando la oscuridad que le hizo recordar aquella luz que cegaba sus ojos al despertar. El humo que pendía de sus labios, tan fino, podría hacerles pensar que aquella era la silueta esbelta que un día pudo ser. La tarde había ya acabado y no quedaba más que esperar a que aquel sueño regresara, haciéndose rogar, pero llegando. Mañana se verían y no podría contar lo que echó de menos su compañía. Sufriendo con ese olor manando de la boca, tuvo que regresar a la esperanza de quien se sabe herido. Y no tuvo más dolor que la ausencia de algún rostro. Todo eran sombras a su alrededor y no podía. Recordaba aquellos tiempos en que podía levantar hasta una viga atada. No sabía por qué le temblaban hoy las rodillas, ni por qué ayer. Sólo sabía que hubo un tiempo en que la oscuridad no estaba y la tarde no se olvidaba de recordar un humo viejo que le llegaba. No había ausencias, ni oscuras compañías que robasen toda esperanza. Todo era vida, todo esperanza, sólo sabía que antes no se conocía.


lunes, 4 de febrero de 2008

Más allá de sólo un recuerdo.

Te sorprendería saber todo lo que vi, todo lo que conocí, todo lo que retraté. Jamás pude soñar ni tanta multitud, ni tanta tradición, ni tantas miradas de las que aprender. Viví en el extrangero y fue un mundo distinto donde volver a nacer, fue toda una oportunidad, una vida que comenzar un sueño del que despertar. Descubriendo cómo amanece de primera mano o qué es sufrir o qué soñar, vivi una guerra, sobrevivi una noche. Corriendo pude ver la inocencia desvergonzada y la silueta de un cuerpo sin vida que tiene prisa por no quedar solo. Conté la suerte de una vida rápida y triste. Conté el vacío de una noche olvidada y no quise irme sin recordarmi salto infinito cuando no tuve nada.

Te sorprendería saber todo lo que aprendí en tu ausencia. Y más lo harías si te contara que olvides los sueños de multitud que jadea, y las tradiciones que viven ya muertas, y las miradas; que aprendas de aquello que no dice nada, que sufras lo que tengas y vivas y sueñes -sin prisas, sin miradas al infinito-, y mueras sabiendo de dónde has salido.


Beyond painting, Zhong Biao 1999.

martes, 29 de enero de 2008

Y llegará el treinta y uno.


Yo también me hago a veces esa pregunta. Es incómoda e incluso injusta cuando nos visita. Pasar de largo es lo más fácil sin afrontarla en el momento. Olvidarla es darla más vida para el futuro. Recordar que ya fue enterrada atemoriza tu mirada.

Yo también me hago a veces esa pregunta y la he dejado pasar de largo. La he olvidado y la he visto renacer con más orgullo. Entonces recordar que la creí muerta me ha carcomido en las entrañas. Dudar así no deja indiferente.
Hoy también me he hecho esa pregunta. Entonces he recordado esas perlas que provocan mi sonrisa y luego que preguntes qué me hace gracia y yo te diga que me siento feliz y es porque olvido así esa injusticia incómoda que me visita, para que luego -cuando te has ido-, me golpee de nuevo por haber sido enterrada sin afrontarla en tu mirada.

sábado, 12 de enero de 2008

En su busca.

Oculta la identidad o no descubierta. Millares de miradas -imposibles estadística inquieta, que anochecen cada día. Pudiera ser que ande oculta o que aún esté encubierta. Quizás teja y desteja en la espera o sólo mire andares u observe apariencias.


Estuvo inquieto. Hoy está en calma y reflexiona la espera tan ansiada. Hoy mira su reflejo en el pasado y comprende. Se nutre en la experiencia e intenta asimilar, quizás sólo unos años. Recuerda aquel tiempo inseguro del destino y logra atisbar esa inocencia dolente del tiempo pasado. Hoy mira su futuro y sin prisa sabe que estará el coleo en otra espera.

El tiempo o el destino. Discurre ausente de un viento nuevo, que sabe el peso que encontrará sin huir tan sólo un nuevo día.

¿Podrá esa dicha aparente estar muerta? ¿Será el olvido? Quizás la suerte arrogante de lo vivido.

Ante el desierto dormido y la cadencia perdida, resurge nueva una puerta en el camino. Pudiera ser temido ese destino, aunque sea en todos los sentidos.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Por su insistencia.

Como sólo la imaginación sabe, como cuando mira a la memoria y crea así esas frases nuevas que llenan, de tinta fresca -nueva, joven siempre-, el papel seco en que se apoya. Como cuando el tiempo vuela dando forma a una vida nueva. Como se quiere lo que se ama o se huye de lo extraordinario en una vida anodina. Como la extrañeza de lo cotidiano cuando por fin miras con nuevos ojos. Como matemáticas en papel, como una novela acabada o un poema con ritmo. Como tantas otras cosas.





Quizás sea el momento, la identidad, la visión o la reflexión imaginativa que nos cuenta. Quizás el lenguaje, pudiera ser la imagen. Puede que sea el olvido.






El olvido,

...es entonces cuando la memoria se queja y la imaginación despierta con frases frescas -como jóvenes promesas-, haciendo que el tiempo se olvide creando una cotidianeidad extraordinaria en una vida anodina, con una métrica nueva que rompe la geometría aparente de una identidad sin lenguaje, donde con la extrañeza del que estrena identidad nueva, huye de la imagen vieja en busca de lo desconocido. Como el tiempo que olvido y como el humo que veo. Así es la geometría de los sentidos.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Silenciado en la espera.

Cuánta dicha ha quedado en la mañana fría que renace cada día. Cómo son ahora esas miradas. Cómo suenan las palabras no pronunciadas y cómo saben los silencios de la muchedumbre ausente que no habla. Quizás obsesione pronunciar la silueta retirada que no huye por no poder casi ni mirarla. Puede ser que se sepa cómo gusta ausentar la torpona luz que arroja su entornada sonrisa inapreciada. Tendrían muchas letras que presentarse como si nada, para alcanzar a sentir ese lejano sueño casi inventado que no puedes lograr siquiera a sospechar en el dichoso porvenir entrelazado. Tendríamos tantas cosas que callar...




Hoy amanece casi sin querer y estamos puestos hasta arriba de sonidos que nos callan, nos ausentan y retienen como lunáticos mendigos y apegados. Sólo la presencia del silencio, nos deja sospechar la ausencia de verdad que hay en la alfombra de esos sueños incompletos aunque acabados. Sólo la luz de su mirada podría entregarnos a sus sueños que se sospechan sin diluirse y que ausenta la carga entorpecida de una retórica ganada que no puede entristecer porque se vuelva.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Aproximándolo todo.

Miraba el teclado. Sus manos sobre diez letras. Ante lo indoloro, ante la soledad de su ordenador. Miraba hacia atrás, miraba su pasado. Pensaba en su último amor, en el anterior. Buscaba un tema que no podía encontrar. Ahora observaba el humo que traslucía la pantalla de su ordenador. Revolvía entre los recuerdos de su infancia, entre los escombros de una muerte, pero estaba solo. Sólo escuchaba una frase que tenía como clavada en el corazón y sentía la necesidad imperiosa de escribir para lograr olvidarla. Le mataba, le entumecía los dedos y le paralizaba. Lo intentaba pero no podía más que dejar el tiempo pasar observando, releyendo un pasado, explorando su cotidianidad, queriendo escribir -quizás sobre el tiempo, sus sueños o su mirada-, pero olvidando, que era -a fin de cuentas-, lo que supo que algún día lograría.Todos se habían ido alejando. Mientras, el fuego ardía consumiendo el cilindro americano. Él no se terminaba de disgustar, en el fondo su mejor amiga siempre fue la soledad y muchas veces se recluía con ella estando rodeado, oyendo risas, tomando copas, incluso conversando, pero aburrido.



viernes, 9 de noviembre de 2007

Sueño de una noche con una muerte anunciada.

Encerrado en mi habitación oigo el gemido de una muerte. Una muerte que amenaza con paso firme, decidido. En la cruzada de una lucha ya anunciada que se acerca hoy con ventaja, que no teme, que no asusta desventurada en la ficción de una mañana caducada en un tiempo que te limita y que no cesa.



Encerrado en mi habitación oigo un gemido de una vida que agoniza. Que no cede por no quedar sola y que no lucha por no anunciar su cruzada. En desventaja se aleja, perenne de su tiempo, en una ficción que cuenta con desventaja por no ser más limitada.

Encerrado en mi habitación oigo una vida que se desgasta. Que no pesa cuando no huye y que no sufre si no la miran. Que cuando puede descansa en una mirada inocente de otro tiempo que la desgaja y que no sufre el descrédito de su tiempo porque la duermen acomplejada.

Encerrado en mi habitación intuyo el tiempo que nos persigue, acelerado, entumecido. Que sólo piensa en su sonido. Que no descansa, que no se muere sino que mata. Que no termina y que limita y no abandona y sólo sueña con darnos caza.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Oportunidades.


¡Cuántas veces lo habrá leído!

Sigue la corriente del río, mira su reflejo.

Es un halago saber que sin ser pez de río, alguien te ofrece una oportunidad así.

Al recordar su primer día se echa a reír. Recuerda su vergüenza, sus miedos. Ahora se ríe. Sólo necesitó algo más de seguridad, un poco de menos prisas, una sonrisa. Llamémosle Tiempo. El Tiempo es muy sabio. Según transcurre te ofrece con sus manos abiertas todo lo que vas necesitando.

Ayer estaba con unos amigos en la montaña. Atravesábamos una cueva dolomítica con rocas carbonatadas y alguien preguntó la diferencia entre abrazar y apoyar. Primero me vino a la mente que abrazar es ofrecer los brazos, estrecharlos; y que apoyar es dar descanso, servir de sustento. Parece una perogrullada, pero a mí me hizo pensar.

En el río no sólo hay agua que fluye, como en la mar no es todo espuma salada que bate contra las rocas. Para saber cuánto más hay en uno y otro, tienes que zambullirte, empaparte y ahondar entre las fluviales corrientes.