viernes, 7 de marzo de 2008

Sin verte al pasar.

Hoy podría decirte que estoy cansado de todo eso. Que me pesan los ojos cuando miro esa cara.

Podría inventarme unas letras, sólo, sentándome ante un teclado, o con mi pluma junto a una almohada. Y veo el tiempo que pasa y el recuerdo que queda, y no consigo levantar la cabeza porque pienso y lo olvido, porque miro y no veo y porque quiero y no siento.

Tendría tiempo de vivir con un nuevo viento. Saldría vencido al pasado sabiendo que no cambiaría nada sólo por no estar agotado. No queda ya más que el silbido oculto del oleaje que imita el silencio perdido de un tiempo que hubo. Y pienso y olvido, y miro y no veo, y quiero y no siento.

Habría más tiempo para escuchar el pasado, muchos instantes de que hablar. Leería y como si nada. Pero queda todo en el espacio que nos mira, sentado y solitario, escuchándonos hablar. Pero me pesan los ojos sin poder ver, sin poder sentir, intentando olvidar.

Tremenda enormidad que oculta la llave del olvido. Embebido en el tiempo, perdido en su espacio ignorándolo todo y pudiendo intentar recordar agotado esa mirada que queda o ese silencio que hubo.


viernes, 22 de febrero de 2008

Leyendo.




Y leía y no podía parar de leer. Leía un texto primero y seguía leyendo. Primero uno, muy lento y se paraba y releía. Seguía el curso natural de las letras que son palabras; leyendo frases como mirando al infinito. Y no podía -aunque el tiempo apremiara-, más que seguir su lectura. Más letras y más palabras, miraba frases como quien escucha el silencio de la lluvia al caer, como quien fuma y observa el humo que desprende, como quien huye en silencio disimulado. Así era y espera que no siga, porque se teme, porque se huye. Aparece así el tiempo lento que discurre por sus sueños incomprendidos. Taciturno por su lenguaje que le crea en la oscuridad una templanza escasa que no llega.

domingo, 17 de febrero de 2008

Tiempos de humo.

Entre tanto estuvo observando la oscuridad que le hizo recordar aquella luz que cegaba sus ojos al despertar. El humo que pendía de sus labios, tan fino, podría hacerles pensar que aquella era la silueta esbelta que un día pudo ser. La tarde había ya acabado y no quedaba más que esperar a que aquel sueño regresara, haciéndose rogar, pero llegando. Mañana se verían y no podría contar lo que echó de menos su compañía. Sufriendo con ese olor manando de la boca, tuvo que regresar a la esperanza de quien se sabe herido. Y no tuvo más dolor que la ausencia de algún rostro. Todo eran sombras a su alrededor y no podía. Recordaba aquellos tiempos en que podía levantar hasta una viga atada. No sabía por qué le temblaban hoy las rodillas, ni por qué ayer. Sólo sabía que hubo un tiempo en que la oscuridad no estaba y la tarde no se olvidaba de recordar un humo viejo que le llegaba. No había ausencias, ni oscuras compañías que robasen toda esperanza. Todo era vida, todo esperanza, sólo sabía que antes no se conocía.


lunes, 4 de febrero de 2008

Más allá de sólo un recuerdo.

Te sorprendería saber todo lo que vi, todo lo que conocí, todo lo que retraté. Jamás pude soñar ni tanta multitud, ni tanta tradición, ni tantas miradas de las que aprender. Viví en el extrangero y fue un mundo distinto donde volver a nacer, fue toda una oportunidad, una vida que comenzar un sueño del que despertar. Descubriendo cómo amanece de primera mano o qué es sufrir o qué soñar, vivi una guerra, sobrevivi una noche. Corriendo pude ver la inocencia desvergonzada y la silueta de un cuerpo sin vida que tiene prisa por no quedar solo. Conté la suerte de una vida rápida y triste. Conté el vacío de una noche olvidada y no quise irme sin recordarmi salto infinito cuando no tuve nada.

Te sorprendería saber todo lo que aprendí en tu ausencia. Y más lo harías si te contara que olvides los sueños de multitud que jadea, y las tradiciones que viven ya muertas, y las miradas; que aprendas de aquello que no dice nada, que sufras lo que tengas y vivas y sueñes -sin prisas, sin miradas al infinito-, y mueras sabiendo de dónde has salido.


Beyond painting, Zhong Biao 1999.

martes, 29 de enero de 2008

Y llegará el treinta y uno.


Yo también me hago a veces esa pregunta. Es incómoda e incluso injusta cuando nos visita. Pasar de largo es lo más fácil sin afrontarla en el momento. Olvidarla es darla más vida para el futuro. Recordar que ya fue enterrada atemoriza tu mirada.

Yo también me hago a veces esa pregunta y la he dejado pasar de largo. La he olvidado y la he visto renacer con más orgullo. Entonces recordar que la creí muerta me ha carcomido en las entrañas. Dudar así no deja indiferente.
Hoy también me he hecho esa pregunta. Entonces he recordado esas perlas que provocan mi sonrisa y luego que preguntes qué me hace gracia y yo te diga que me siento feliz y es porque olvido así esa injusticia incómoda que me visita, para que luego -cuando te has ido-, me golpee de nuevo por haber sido enterrada sin afrontarla en tu mirada.

viernes, 25 de enero de 2008

La tele hizo pensar una vez a Gato.

Gato estaba sentado en el sofá de su casa. estaba mirando la tele, pero no la veía. De pronto pusieron un anuncio y pensó...






¿Podrías imaginar un mundo sin tiempo? Sin el pasado no existirían esas cargas, ese querer olvidar, ni esos recuerdos sombríos o alegres que inundan al anochecer.

Sin tiempo no existiría futuro que esperar, ni miradas que desear, no habría sueños ni despertar.
Sin tiempo no habría orden, ni actividades. No habría frío, ni luna, ni cielo con nuves que ver pasar. No habría espacio, ni voz para chillar. Sin tiempo todo sería un no terminar.




Sueño que pierdo antes de despertar; que miro al cielo, sin poderlo mirar. Sueño que oscurece. Se que es un sueño que jamás olvidaré. Sueño que sueño y que no puedo despertar.

Miro este tiempo y no sé qué puedo pensar, si sueño despierto o no sé si es el mirar. Sueño que encuentro en el tiempo dormido, mirando hacia el cielo, un no tener que esperar.

Brindo porque el tiempo no acabe ni la lógica lo haga al empezar a soñar.

sábado, 12 de enero de 2008

En su busca.

Oculta la identidad o no descubierta. Millares de miradas -imposibles estadística inquieta, que anochecen cada día. Pudiera ser que ande oculta o que aún esté encubierta. Quizás teja y desteja en la espera o sólo mire andares u observe apariencias.


Estuvo inquieto. Hoy está en calma y reflexiona la espera tan ansiada. Hoy mira su reflejo en el pasado y comprende. Se nutre en la experiencia e intenta asimilar, quizás sólo unos años. Recuerda aquel tiempo inseguro del destino y logra atisbar esa inocencia dolente del tiempo pasado. Hoy mira su futuro y sin prisa sabe que estará el coleo en otra espera.

El tiempo o el destino. Discurre ausente de un viento nuevo, que sabe el peso que encontrará sin huir tan sólo un nuevo día.

¿Podrá esa dicha aparente estar muerta? ¿Será el olvido? Quizás la suerte arrogante de lo vivido.

Ante el desierto dormido y la cadencia perdida, resurge nueva una puerta en el camino. Pudiera ser temido ese destino, aunque sea en todos los sentidos.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Por su insistencia.

Como sólo la imaginación sabe, como cuando mira a la memoria y crea así esas frases nuevas que llenan, de tinta fresca -nueva, joven siempre-, el papel seco en que se apoya. Como cuando el tiempo vuela dando forma a una vida nueva. Como se quiere lo que se ama o se huye de lo extraordinario en una vida anodina. Como la extrañeza de lo cotidiano cuando por fin miras con nuevos ojos. Como matemáticas en papel, como una novela acabada o un poema con ritmo. Como tantas otras cosas.





Quizás sea el momento, la identidad, la visión o la reflexión imaginativa que nos cuenta. Quizás el lenguaje, pudiera ser la imagen. Puede que sea el olvido.






El olvido,

...es entonces cuando la memoria se queja y la imaginación despierta con frases frescas -como jóvenes promesas-, haciendo que el tiempo se olvide creando una cotidianeidad extraordinaria en una vida anodina, con una métrica nueva que rompe la geometría aparente de una identidad sin lenguaje, donde con la extrañeza del que estrena identidad nueva, huye de la imagen vieja en busca de lo desconocido. Como el tiempo que olvido y como el humo que veo. Así es la geometría de los sentidos.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Silenciado en la espera.

Cuánta dicha ha quedado en la mañana fría que renace cada día. Cómo son ahora esas miradas. Cómo suenan las palabras no pronunciadas y cómo saben los silencios de la muchedumbre ausente que no habla. Quizás obsesione pronunciar la silueta retirada que no huye por no poder casi ni mirarla. Puede ser que se sepa cómo gusta ausentar la torpona luz que arroja su entornada sonrisa inapreciada. Tendrían muchas letras que presentarse como si nada, para alcanzar a sentir ese lejano sueño casi inventado que no puedes lograr siquiera a sospechar en el dichoso porvenir entrelazado. Tendríamos tantas cosas que callar...




Hoy amanece casi sin querer y estamos puestos hasta arriba de sonidos que nos callan, nos ausentan y retienen como lunáticos mendigos y apegados. Sólo la presencia del silencio, nos deja sospechar la ausencia de verdad que hay en la alfombra de esos sueños incompletos aunque acabados. Sólo la luz de su mirada podría entregarnos a sus sueños que se sospechan sin diluirse y que ausenta la carga entorpecida de una retórica ganada que no puede entristecer porque se vuelva.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Soledad.

Jorge Drexler y María Rita.


12 segundos de oscuridad

lunes, 3 de diciembre de 2007

Como todas las mañanas.

Érase una vez un chico inditex que iba en el metro como sardina en lata para poder llegar a tiempo a su puesto de trabajo.

Se levantaba, desayunaba y una vez aseado, se ponía el traje y corría y corría para enlatarse de nuevo. En el metro se movía como en su salsa; vaya, que estaba como pez en el agua. Sabía escoger un lugar estratégico en el andén para después -disimuladamente-, dejarse succionar por la masa informe que se arrepentía de no haber hecho caso antes a su despertador.

Tras unos pocos suspiros, muchos apretones e incluso algún que otro empujón de gente despistada, que -por su estatura o por la de los demás-, no alcanzó a ver que era su turno de salida, nuestro amigo se dejaba de nuevo despedir, esta vez hacia las mecánicas escaleras que como un dragón hambriento se apresuraban a desplazar de abajo a arriba a diestro y siniestro transeúnte que se asomara.

Estación de Príncipe Pío, Madrid.


Cuando por fin veía la luz, buscaba con la mano en su bolsillo un cigarrillo que llevarse a la boca, de manera que al alcanzar sus pies la calle, tenía ya bien avanzado el consumo del filtro. Las últimas caladas nunca las disfrutaba. Ya estaba en la oficina y tenía que apagar.

Tras los saludos oportunos a la recepcionista y al guardia de seguridad del edificio, y ya en el ascensor que le desplazaba a la octava planta, intentaba recordar en qué quedó su última salida -todo un fin de semana antes- mientras observaba las ojeras del personal que iba quedando en las primeras siete plantas.

Después todo era sentarse ante el PC y esperar a que terminara la jornada.





domingo, 25 de noviembre de 2007

No quiero perdérmelo.

Warhol sobre Warhol (La Casa encendida)

Fecha: Del 23 de noviembre de 2007 al 20 de enero de 2008 (excepto los días 24, 25 y 31 de diciembre y 1 de enero)
Horario:De 10.00h a 22.00h
ENTRADA GRATUITA
C/Ronda Valencia, 2
28012 Madrid.
T 91 602 46 41

sábado, 17 de noviembre de 2007

Aproximándolo todo.

Miraba el teclado. Sus manos sobre diez letras. Ante lo indoloro, ante la soledad de su ordenador. Miraba hacia atrás, miraba su pasado. Pensaba en su último amor, en el anterior. Buscaba un tema que no podía encontrar. Ahora observaba el humo que traslucía la pantalla de su ordenador. Revolvía entre los recuerdos de su infancia, entre los escombros de una muerte, pero estaba solo. Sólo escuchaba una frase que tenía como clavada en el corazón y sentía la necesidad imperiosa de escribir para lograr olvidarla. Le mataba, le entumecía los dedos y le paralizaba. Lo intentaba pero no podía más que dejar el tiempo pasar observando, releyendo un pasado, explorando su cotidianidad, queriendo escribir -quizás sobre el tiempo, sus sueños o su mirada-, pero olvidando, que era -a fin de cuentas-, lo que supo que algún día lograría.Todos se habían ido alejando. Mientras, el fuego ardía consumiendo el cilindro americano. Él no se terminaba de disgustar, en el fondo su mejor amiga siempre fue la soledad y muchas veces se recluía con ella estando rodeado, oyendo risas, tomando copas, incluso conversando, pero aburrido.



viernes, 9 de noviembre de 2007

Sueño de una noche con una muerte anunciada.

Encerrado en mi habitación oigo el gemido de una muerte. Una muerte que amenaza con paso firme, decidido. En la cruzada de una lucha ya anunciada que se acerca hoy con ventaja, que no teme, que no asusta desventurada en la ficción de una mañana caducada en un tiempo que te limita y que no cesa.



Encerrado en mi habitación oigo un gemido de una vida que agoniza. Que no cede por no quedar sola y que no lucha por no anunciar su cruzada. En desventaja se aleja, perenne de su tiempo, en una ficción que cuenta con desventaja por no ser más limitada.

Encerrado en mi habitación oigo una vida que se desgasta. Que no pesa cuando no huye y que no sufre si no la miran. Que cuando puede descansa en una mirada inocente de otro tiempo que la desgaja y que no sufre el descrédito de su tiempo porque la duermen acomplejada.

Encerrado en mi habitación intuyo el tiempo que nos persigue, acelerado, entumecido. Que sólo piensa en su sonido. Que no descansa, que no se muere sino que mata. Que no termina y que limita y no abandona y sólo sueña con darnos caza.

domingo, 4 de noviembre de 2007

«Gato» está creciendo.




Pasando entre los dedos de sus manos. Viendo cómo se escapa de su destino. Así se sentía Gato cuando descubrió lo difícil que era hacerse a los rápidos cambios a los que se veía sometido desde hacía unas semanas. En realidad no sabía bien desde qué momento ya no era el mismo. Miraba hacia atrás y descubría que ya no solía meterse en todos los jaleos. Ya no era el centro de atención en aquellas cenas familiares en las que sus comentarios en las conversaciones de los adultos eran recibidas con carcajadas. Antes si había una pelea en clase, él estaba de por medio seguro. Antes, si sus amigos del barrio planeaban alguna trastada a las niñas, él era el cerebro de la operación. Quizás estuviese madurando, y no había leido ni oido antes cómo debería madurar, no existían manuales ni tiempos, no podía suponer que eso era normal, no podía dar crédito a que escuchar a una chica de su edad podría llegar a ser hasta agradable. Ahora sentía cómo se le escapaba el tiempo, había tanto que hacer, tanto que decir...

...y no podía compatibilizarlo con su destino soñado.


Martí Bofarull. Met Life. Técnica mixta s/madera81 x 81 cms.

lunes, 29 de octubre de 2007

Otra tragedia.

«Dos tragedias hay en la vida: una no lograr aquello que ansía el corazón, la otra es lograrlo» (George Bernard Shaw).



Quizá te las envíe porque no quiera que me olvides.
Quizá porque te quiera o porque no quiera que me quieras.
Será para decirte lo que no puedo decirte, o porque no olvides
que me gusta que me digas que hasta en sueños te recuerda
esa sonata que, risueña, dice que quiere que me muera.
Aunque luego ya me olvides, aunque no llores, aunque no quieras.
Aunque me mires disgustada porque ya no es ese día.
Porque estoy preparado para no evitarte que la veas,
porque ahora ya navego y en mi ruta estará ella.
Porque ando preparado para que de nuevo, llegue a mí otra tragedia.

sábado, 27 de octubre de 2007

Como un canto.


Lejanos susurros que campean junto al viento. Millones de luces que piden despertar, que sueñan y ruegan, que cantan y vuelan. Son luces y sueños que asoman y cantan.


De un tiempo a esta parte, podrían decir que fueron sueños locos que venían y se iban entornando el futuro. Que cantaron y jugaron entre la multitud pasajera de los sueños. Que mostraron un reflejo, que cantaron una vida.

Están como un saberse querido que no pasa y que ausente no deja, y que vive como un hilo de blues tarareado en la cabeza entre multitudes tempraneras, dormidas; que corren, se sientan, que miran y duermen por no llegar tarde. No preocupan, no pasan. Sólo están, aunque ausentes.

Recordado a tiempo, resurge lejano y sin miedo y con aire renovado que se acerca sigiloso y sólo te nombra y ahí queda. Te mira y sin huirlo recuerdas cuando lo viste sin soñarlo, sin poder hacer nada. Suplica y no quiere. Son sólo susurros que desde la lejanía te piden que vuelvas. Que no te pares y cantes.



Si se calla el cantor. Mercedes Sosa con Atahualpa Yupanqui





lunes, 15 de octubre de 2007

Dulce Condena.

Mirador de Vallecas.


Hoy sólo quería escribir un recuerdo. Hoy quería haber mirado atrás.
Pero no puedo, únicamente dejo esta canción.



Andrelo, siempre Andrelo...

Una oportunidad más.

No importan los problemas.

Esta sí es una dulce condena.

sábado, 13 de octubre de 2007

Aquel octubre.

Y al tiempo reparé en su mirada,
viva, fija como la luna,
gran pradera,
sueño que a mí me nubla.

Ahí siempre estaba
puntual como el amanecer,
esa mirada hermosa
que pretendí poseer.

Inquieta como las nubes
me preguntaba:
¡vaya si preguntaba!
¿cómo te llamas?

¿Yo...? Tú -me decía-.
...Soy quien te contempla,
quien se admira,
quien te observa...

Supe que no volvería a tenerla,
esa mirada que me seguía,
penetrante, pura y blanca,
aquella me poseía.

Luna, fija e inquieta,
bella, siempre mirada.
Sólo eso, una mirada.


lunes, 1 de octubre de 2007

Péndelred I.

Hace algún tiempo, en mis primeros años de universitario -joe, qué poco me gusta tener que hablar de esta época en pasado-, me aburría un montón en clase. La asignatura se llamaba Derecho Sindical I y me apasionaba. Lo que la hacía absolutamente aburrida era la profesora que impartía esta exquisitez. Hasta un par de años más tarde, no descubrió que lo suyo no era el magisterio. A lo que iba que me enrollo más que una persiana. Resulta que me aburría mucho. La profesora repetía una y otra vez la misma idea educadamente alentada por las niñas de la primera fila que, repitiendo sus mismas palabras inconexas pero en acción interrogativa, cuestionaban si habían apuntado bien el concepto que la pobre profesora había intentado balbucear. Con un poco de sentido común uno había escuchado y traducido para sí y para los compañeros que lo rodeaban, el intento de concepto sindical o lo que se tratase -no sin esfuerzo- y lo había plasmado en ese folio numerado con fecha e iniciales que tenía delante de sí, sobre el pupitre. Bueno, el caso es que mientras la buena mujer repetía o más bien intentaba repetir -no siempre con éxito- lo anteriormente dicho, yo desconectaba y me disponía a dibujar en el largo tablero monigotes, caricaturas y demás bobadas con mi gran amigo Beto, mientras otros como Camacho, leían (y comentaban) la prensa del día.


Así fue como nacieron Péndelred el pirata y otros personajes de cómic, de una sociedad -Rocin Comic´s- que con esperanzas de publicar algún día sigue con sus dimes y diretes reuniéndose de vez en cuando, aunque dibujando cada vez menos. He aquí la portada del futuro-gran-éxito-mundial-traducido-a-mil-idiomas-y-adorado-por-todo-quisqui.



En su día le prometí a Beto concluir mi parte del primer libro, aún le falta color a mucho y tinta a más, pero Beto sabe que algún día lo terminaré. Hoy renuevo mi promesa.