jueves, 11 de junio de 2009

Aparte.


Retenido en otro mundo. Encerrado, pasaba las páginas; inmerso, necesitaba saber. Se escapaban los segundos, los minutos. Una estación y otra. Ya no levantaba la vista para ver dónde me encontraba. No importaba, sólo quería seguir en aquel mundo.
Segundos por línea, milésimas por palabra que alimentaban y nutrían mi hambre de aventuras. Me movía, como movía mis dedos que -humedecidos-, pasaban de escena. Movía mis labios con sonrisas cómplices, movía mi tiempo que terco, no quería abandonar su carril. Movía mi vida. Mi vida en el tren donde -leyendo-, dejaba de verte a ti, compañero de viaje.

domingo, 31 de mayo de 2009

Río revuelto.



El Salmón, 2.000. Andrés Calamaro.

martes, 12 de mayo de 2009

Adiós Antonio.

Una décima de segundo. Actuación de Antonio Vega (Nacha Pop) en el programa de TVE La bola de cristal en 1985.

miércoles, 6 de mayo de 2009

De barrio a barrio.


Madrid. Calle Sacramento.

Por lo general vivo cabreado con la vida, aunque no se lo hago ver. Sólo la veo cómo se pasa. Aún me recuerdo sentado en aquel café viendo pasar los minutos, sentado en la barra sin pagar el cortado del que sólo quedaban ya posos; terminando ese párrafo escrito que dejé a medias por llegar mi parada, con un piti encendido y un trago de agua en un vaso se tubo entre los dedos de la otra mano, sin esperar nada de ese nuevo día.

Y es que algo no va bien cuando el mecánico del taller que hay junto a tu oficina -el que desayuna a tu lado sin cruzar palabra-, se transporta en metro de un barrio a otro de tu ciudad, cada mañana, cada medio día y cada atardecer.

Ya ni siquiera vivo esperando una señal. Ahora símplemente vivo como lo hace un almendro, o no, quizá distinto. Puede que sea eso lo único que espere, poder perder la libertad para no tener que volver a elegir y -entonces sí-, poder vivir como un almendro.

martes, 5 de mayo de 2009

Escondidos.


Los carpinteros. El ojo caleidoscópico.
Exposición "El ojo caleidoscópico. Colección de arte contemporáneo Thyssen-Bornemisza"
Museo Mori Art de Tokio, Japón.

En tu sombra -que es mi luz-
encontré el calor resplandeciente,
dulce consuelo de mi mente.

Luz que siento a veces ver
y que no verla siento a veces

Tú, que reflejas mi locura,
locura sorda, oscura y fría
que atrae y contagia toda mi vida.

Luz que siento a veces ver
y que no verla siento a veces.

¿Dónde te has metido
luz calurosa, resplandeciente, dulce consuelo de mi mente,
luz que siento a veces very que no verla siento a veces?

viernes, 24 de abril de 2009

El Arriero.

En las arenas bailan los remolinos
el sol juega en el brillo del pedregal
y prendido a la magia de los caminos
el arriero va... el arriero va...


Es bandera de niebla su poncho al viento
lo saludan las flautas del pajonal
y guapeando la senda por esos cerros,
el arriero va... el arriero va...


Las penas y las vaquitas,
se van por la misma senda;
Las penas y las vaquitas,
se van por la misma senda;
las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas
las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas.


Un degüeyo de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando a la tropa, dale que dale
el arriero va, el arriero va...


Ojalá que la noche traiga recuerdos,
que haga menos pesada la soledad,
como sombra en la sombra por esos cerros,
el arriero va, el arriero va...


Las penas y las vaquitas,
se van por la misma senda;
Las penas y las vaquitas,
se van por la misma senda;
las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas
las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas.


Y prendido la magia de los caminos,
el arriero va, el arriero .... va...

El arriero. Andrés Calamaro (El Cantante, 2004).

domingo, 19 de abril de 2009

Lo que fuimos.

Pasábamos las tardes hablando y jugando al mus mientras los mayores hablaban de lo bien o mal que pintaban los tiempos, de lo fácil que hubiera sido ganar aquella mano o apostando por el pleno al quince que se avecinaba esta semana y que cada domingo -este sí-, les haría ricos a cada uno de ellos. O al menos era eso lo que aseguraban sin dudarlo cada uno y sin haber alcanzado a jubilarse nunca, pero con la misma ilusión de siempre, cada semana, ante la llamada de un éxito tan seguro como próximo.


Los muchachos y yo no es que lo pasáramos bien, simplemente pasábamos las tardes. Cuando íbamos a bailar era distinto. Entonces ya no éramos parejas enfrentadas con los piques de siempre, sino una única masa que se divertía bailando un rato mientras cansaban sus cuerpos universitarios resabiados a base de convocatorias que no se acababan de agotar, mientras cantaban la canción de moda, con una sola copa por noche -muchos días ni eso-, a fin de que alcanzaran los durillos para poder ver la champions también reunidos aguantando los dientes cada primavera. Los que éramos del Madrid vivíamos esas eliminatorias con especial intensidad. Nunca terminábamos de conquistar la séptima. Años más tarde, poco después del noventa y ocho, Héctor -acérrimo atlético con cada una de las connotaciones que ello conlleva-, aseguró que el padre de un colega de la facultad, era juez de no sé qué estamento federativo y le había dicho entre copas en la sobremesa un domingo, que ahí decidían quién ganaría la liga, la copa y demás competiciones nacionales. Que en Europa era distinto, que ahí era más complicado porque lo decidía otro comité. Decía que fue unos años antes y le había dado los nombres de ese año. Sólo falló en el campeón de Champios que perdió la final, era excusable, lo decidían otros.


Con el tiempo y la escasa e imprescindible experiencia que uno puede llegar a acumular en unos pocos años más, uno cae en la cuenta de todo lo que valoramos la pela. Mucho más incluso, que cuando cualquiera de los muchachos alargábamos la copa hasta no dejar ni un hielo con la esperanza de poder dar un último trago justo después de acabar con el solitario piti que quedaba en la guerrera gris.


Templo de Debod. Madrid. Erigido bajo el rey egipcio Ptolomeo IV Filópator hacia 200-180 a. C.

sábado, 11 de abril de 2009

En la sombra.


Ofelia, 1852. John Everett Millais.
Soy sembrador de palabras prohibitivas. Vivo sembrando sombras y viendo cómo caen gigantes. Vivo de tu sonrisa y siembro siempre a largo plazo. No duermo sin regar antes, ni siembro si tú estás dormida. Aro para preparar la tierra que aún se encuentra en sombra y un día -cuando no lo esperen-, pueda ser su fruto el que me de cobijo.

La gota que hoy cae de la frente, será alimento ensombrecido, que un día sin que lo merezca, sea riego de la esperanza ya perdida. Y cuando creas que te he olvidado, recuerda que siempre siembro a largo plazo. Olvida ya esos cantos de trompeta y regresa con tu farola encendida. Alúmbrate ese rostro cautivo para que sepan todos cuál es su camino.

lunes, 6 de abril de 2009

El último gran gladiador.

Jugar con fuego. Honestidad Brutal, disco 1. Andrés Calamaro 1999.

miércoles, 1 de abril de 2009

Levedad en Madrid.

Ven a mi Madrid. Ven con tus calles. Ven con tus sombras. Ven a mi Madrid.

No olvides tus farolas negras. Ni tu silencio siempre ausente, ni tus claros atardeceres de aquellos lentos veranos que aún retengo en mi retina.

Ven a mi Madrid, no me abandones.

Ven ahora que te necesito. Ven y no vuelvas a dejarme. Porque te añoro y no consigo olvidarte.
Porque necesito tu tensa mirada fija en los cafés ahumados de tus barrios. Porque te siento tan cerca...

Ven. Tampoco olvides los escalones grises que te multiplican bajo el suelo. Ni el oscuro cielo que te tiñe bajo la noche -no, no me prives de él-. Traéte tu duro asfalto que cubre la tierra que otros pisaron. Trae tu humo denso de la ciudad y tus aires de jardines y la fresca y suave brisa de tu sierra.

Ven a mi, Madrid, no me abandones. Ven y muéstrate a mí, tal como eres.




Cúpula de Príncipe Pío. Zerepican 2008.

viernes, 13 de marzo de 2009

Recorridos.

En el comienzo. Kiefer, Anselm 2008.
Óleo, emulsión y plomo sobre papel fotográfico.


Camina por la calle ancha. Mira al frente y desciende por la vía hasta aquella plazoleta. No dejes de pensar y atraviesa el parque. Cruza la calle, está ahí. Bastará con una mirada. Quizá ahora puedas continuar tu camino. Sólo te quedará descubrir en lo alto de la complicidad una fría noticia que te lleve al cielo, que venga hacia a ti o distraiga tus sentidos en la penumbra del abandono más liviano.

Sube al bus. Sólo unos minutos más atravesando la avenida que te destierra. Mira cómo se desangra ahora la noche oscura que por fin cobra sentido y te permite respirar al compás de las ruedas que acarician el asfalto.

Cuando te apees y decidas retomar a pié tu camino no necesitarás más velocidad. Podrás alejarte lenta pero decididamente despojado de toda culpa. Ya no te inhibirás frente a esa duda hoy quebrada ¡Estarás tan cerca! Casi podrás tocar con los dedos la realidad.

Cuando camines por la calle, quizá puedas lograr averiguar cuál es la dirección que te muestre el final de la carretera, donde ya no se puede ver el océano. Donde se pierde la inmensidad de la noche fría.

Puede que lo vuelvas a hacer y repitas aquellos recorridos monótonos de cuando todo no era en realidad nada. Incluso puede que llegues algo más allá y olvides a qué supo el fracaso.

domingo, 22 de febrero de 2009

Frutos secos.

CARBóN Y RAMAS SECAS (ARENA EN LOS BOLSILLOS).
MANOLO GARCÍA.
.
Sírvete entre tanto
lo que te apetezca.
Redimirte quiero,
más sin sobresaltos.
.
Sobre los tejados se escapa la tarde,
humo de un cigarro que fuma Gardel.
En el dulce licor que me hiere salvaje,
en los garabatos que hago en el mantel.
.
Y esperaré, y si no vuelves,
bajo el olivo me quedaré dormido.
Esperaré por si te pierdes.
Saldrá la luna fanalico encendido.
.
Te regalo mi capa,
mi capa de color grana,
mi triste sonrisa alzada en las ramas,
en los gallardetes, en las banderolas.
yo te haré un vestido de un rojo amapola.
.
···
.
Nana del marinero, nudo de antojos,
que nadie te amará tanto como yo.
Si ahora pudiese estar mirando tus ojos,
¿iba a estar escribiendo aquí esta canción?
.
Y esperaré, y si no vuelves,
bajo el olivo me quedaré dormido,
y dormiré entre libros prohibidos,
al olvido de un tiempo que añoro,
el que viví contigo.
.
Mi caballo negro,
yo te lo regalo.
Carbón, ramas secas
al enamorado.
.
Perdonarte quiero,
más no tengo prisa.
Disculpa un momento,
que me desenredo.
.
Sírvete entre tanto
lo que te apetezca.
Redimirme quiero,
más sin sobresaltos.
.
Tuyo es el triunfo.
Sabor amargo
del seco fruto
del desencanto.
.
Laurel del triunfo.
Sabor amargo
del seco fruto
del desencanto.



domingo, 15 de febrero de 2009

Más datos.

Francis Bacon.Óleo sobre lienzo. 35,5 x 30,5 cm. Autorretrato (1971) Centre Georges Pompidou. París

Cómo detesto la estadística simplona cuando habla de tendencias, de aficiones, de gustos, de preferencias. Cúanto detesto encontrar en el coleo esas miradas insignificantes que quedan en el olvido por no ser numerosas, por débiles, por inocentes. Todos sabemos la temporalidad de los laureles, lo imperemnes de esas hojas que marchitan con el tiempo y seguimos creyendo en esos datos estadísticos que nos muestran lo que quieren. Son como un estado de ánimo que nos inunda y nos posee, como cuando olvidamos que sólo es que cambió el tiempo y que esa mirada no va más allá de esa mirada.


Están bien cuando nos vemos ahí, en lo más alto y te sabes fuerte por estar rodeado, quizá olvidando que será marchita la gloria. Y cuanto más alto te lleva ésta, más tarde eres consciente de que son sólo números sin significado por estar corrompidos desde que son únicamente idea. Pero te miras te gustas y te enmudeces en un silencio vacío que no aporta nada. Mucho ruido, mucha suerte, mucha gente y luego todo queda hueco. Soledad que sigue a la gloria.

sábado, 3 de enero de 2009

Razones.

Dime qué se supone que debe hacer el agua cuando acaba de dejar de ser ese cubo helado que nunca quiso dejar de ser y que tú -por puro gusto- quisiste contemplar cómo licuaba entre tus manos como quien empapa sus palmas en la corriente, agachas entre unos arbustos de una ribera cualquiera, sólo por sentir el refresco del deshielo en el semblante.



View of a harbour. Friedrich, C.D.

Dime qué se supone que debe hacer si se resistió a perder sus propiedades por pudor o sólo introversión y ahora te mira tímido en la caída tras traspasar entre tus dedos y quizá haber rozado tu cara. Y dime cómo ha de mirarte cuando te vea, o cómo ha de esperar tu llamada para escuchar que quieres volver a refrescarte y luego volver a escuchar tus palabras atónito, inocente, cuando recuerde que ya no es ese bloque helado, duro entonces, como una piedra. O qué debo decir, pensar o sentir si te llevaste contigo algo muy hondo mío y me cruzo contigo y estás paseando de la mano, anudada a alguien que no fue aquel frío cubo de hielo olvidado.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

El mejor regalo.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Escalera al cielo.

Led Zeppelin - Stairway to Heaven (.)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Como saco sin fondo.


Como saco sin fondo, perdiendo toda esperanza. Aire viciado que asfixia como tiniebla que devora un ya pálido rayo de luz, antes esplendor de gozo de quienes aún conservaban algún resquicio de esperanza oculto tras ese corazón manchado del que ya no se orgullecían. Así avanzaba en su día, intentando olvidarse de todo, añorando conocer su destino.


Como se aventuró a creer que caminaba, cuando tan sólo había marcado el mapa de una tierra inexistente; así a cada minuto que seguía, y a cada segundo que paraba para mirar la senda avanzada, sólo le quedaba elegir la mejor manera de encontrar un silencio absoluto que quizá nunca encontraría y le supondría llenar un vacío de nada, porque como había leido, todo era nada y nada al fin y al cabo lo era todo.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Me equivocaría otra vez.


Edward Hopper. Nighthawks, 1942. Oil on canvas; 33 1/8 x 60 in. (84.1 x 152.4 cm).


He pensado que la vida pudiera sólo consistir en aprender a elegir. Cada ocasión errada hace desaparecer una oportunidad. Cada ocasión nos tuerce o endereza -diría que siempre enreda un poco más- el camino, que es lo único que permanece ahí desde que nacemos hasta, posiblemente nuestros últimos segundos y que siempre -en cada segundo-, te obliga a elegir.


Una y otra vez. Y pasan, y pasan las oportunidades y cada una que ves escapar -y lo ves porque realmente es así, sino ni te enterarías de que pasaron ante ti-, cada una, la contemplas y reconoces en ella la mejor ocasión que has tenido y sabes que nunca más volverá a estar ahí porque ya se ha ido sin que tú hubieras elegido a tiempo.


Por todo ello miras el finito horizonte de tu sendero y sigues caminando despacio, a tu ritmo, en busca de una nueva excusa que te ayude a volver a equivocarte.

Ramón Casas. Madeleine, 1892. Óleo sobre lienzo. 117x90 cm

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Palabras en el olvido.


Caspar David Friedrich, Window looking over the park (1810 -1811).


A pesar de todo seguiré escribiendo a la espera. A la espera, al olvido y a la noche fría que sí espera. Y mientras sigan fluyendo palabras, sabré que aún espero. Aunque sea un último aliento, aunque sea sólo un suspiro, será que seguiré estando vivo.

Miro el papel y veo letras nuevas. Miro la tinta -aún fresca- y la arrastro con un dedo. Queda la marca violenta de una palabra llorosa y triste que balbucea. Balbucea y queda a la espera de que la leas y quieras saber por qué está triste si junto a ella hay un verbo que la da vida y un adjetivo que la presenta. Si tiene un determinante que nos explica que la acompaña y la dignifica. ¿Acaso no sabe vivir lo que tiene, disfrutar de su esencia, compartir su existencia? Quizás no sepa su significado y sólo mire su sombra, afectada. Sombra que el dedo dejó, marcándola para siempre y olvidando que fue escrita ahí para que alguien la lea y no olvide un recado o memorice una frase, quizás un poema. Olvidando que provocará alegría o angustia por culpa de un malentendido. Que será el sujeto de una frase de amor o de una carta de despedida. Que después de leerla quizás alguien suspire, otros sonrían o quizá olviden. Puede que sea cierto que está triste. Puede que sea cierto que nunca sabrá por qué fue escrita, incluso puede que nadie la lea. Pero aún será cierta su permanencia y su recado. Será reflejo de una mano, de un pensamiento.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Locuras.

Qué locuras. Hoy una canción.

Mad World, Gary Jules. Trading Snakeoil For Wolftickets 2003.